lunes, 29 de septiembre de 2014

Extraordinario


Apenas las diez de una noche primaveral, mitad de semana. La música que escapaba por las ventanas de los bares que abrazan la vieja Estación Provincial cedió, por unos segundos, ante el paso demoledor de un micro destartalado. Allí, entre boliches y la terminal del TALP, se encuentra un sitio tan extraordinario como indescriptible. Una gema.




Fernando Zaparart es un conversador conspicuo pero de palabras pausadas, serenas. Recorre con la mirada su lugar en el mundo y se le iluminan los ojos; sonríe y hasta parece maravillarse por lo que él mismo creó: una gran obra de arte donde, además, se da de comer.



Todo comenzó cuando una persona se presentó en la inmobiliaria de Fernando. El hombre, llamado Esteban, ofrecía su propiedad para alquiler. Le comentó que comenzó con una serie de "trabajos" pero que se habían complicado: vivía en Buenos Aires, viajaba en tren a La Plata con la bicicleta en el furgón, para después pedalear hasta 17 y 71 y "trabajar". "Cuando entré a este lugar le dije ¨¡pero esto es Hundertwasser!¨", explicó.



Artista, arquitecto y ecologista, el austríaco fue -y es- una fuente de inspiración continua en el desarrollo de "Un lugar que...", o simplemente "lo de Fernando", como le llaman por el barrio. Lógico: Zaparart no ofreció la propiedad en alquiler jamás, ya era suyo. "Al principio trabajamos juntos casi un año y medio, y el dueño seguía viniendo de Buenos Aires con su bici. Nos unió la admiración por ese artista genial. En mi vida había hecho algo relacionado al arte, esto me despertó. Algo había...".


Los ambientes estaban más o menos determinados, aunque no existía barra alguna y el techo tenía unas cúpulas que lo hacían algo más bajo que en la actualidad. "Los cerámicos se colocan pieza por pieza; se remueven escombros, se revisa y en base a eso se trabaja. Puede haber una programación de colores cuando logramos obtener cierta cantidad, pero eso está determinado por lo que encontremos. Hay colores que no se hallan y directamente los compramos", precisó, al tiempo que resaltó que la artista local Betina Arauz colabora y "ordena mi caos".




"Aparecieron sobre la marcha otras ideas, como el armado de la barra con unas puertas de hierro y tubos, pero también recogimos objetos que dejó la inundación de la ciudad (NdR: 2 de abril de 2012); desechos como pedazos de mesadas, muebles...ahí está la segunda vida de los objetos, todo se puede transformar porque la vida es un recicle permanente", agregó. También adelantó que, en el mediano plazo, el sótano funcionará como una pequeña sala de teatro y cine.




La cocina es sencilla. Pocos platos entre lo rústico y lo casero, porciones abundantes y precios accesibles. También se ofrecen (muy buenas) pizzas.



Para acompañar la espera: una pasta con base de berenjenas deliciosa.




La elección de la noche: sorrentinos de jamón y queso con crema de puerros y panceta (85 pesos). Siete unidades bien rellenas con una salsa justa y generosa, con los sabores bien determinados. Se acompañó con una copa de vino (20 pesos).




Fernando oficia de recepcionista. Abre la puerta, recibe a los comensales y aconseja diferentes ubicaciones. Suena la campana desde una ventana que comunica la cocina con el pasillo que conduce al salón. El hombre recoge un par de platos y los lleva hasta una de las mesas. "Siempre que salgo a trabajar digo que me pongo el disfraz. Ésto es lo que me gusta. Todos los días vengo después del trabajo. Camino, arreglo, imagino. Incluso pienso venirme a vivir acá. El lugar me atrapa".



Views: "Un lugar que..." de Tenedor En Caravana





Fernando y el origen del nombre




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