jueves, 13 de noviembre de 2014

Cassilda: la experiencia de atravesar la puerta blanca

Pasaste cientos de veces. Mentira, miles. Pleno centro. No hay mesas en la vereda ni neón. Es una cuadra oscura ( de noche), fácilmente olvidable (de día). No hay sonidos estridentes, a no ser por los lunáticos bocinazos diurnos. No hay una vidriera. Sólo un zaguán blanco, angosto, con un coqueto y pequeño toldo verde que reza "Cassilda, cocina sensible". A los pocos pasos, la puerta blanca, cerrada. Timbre. Abren, sonrientes. Dos pasos y la experiencia comienza.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on


Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on


Aclaración: esta producción, a diferencia de las anteriores, carga con algo de trampa. Pero, mis queridos lectores, si hay un sitio para confesar fechorías propias del autor, es éste. Cassilda fue visitado antes, producto de la curiosidad. A partir de ese primer encuentro fue que se gestó la posibilidad de compartir la errancia con ustedes. Fin de la aclaración y avanti bersaglieri.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



Limonada de por medio, Verónica Cassinelli y Patricio Weinzettel relataron los pormenores y el recorrido del sitio, con ya tres años de rodaje en la pujante escena gastronómica local. Ella, fundadora y socia principal, transitaba con hartazgo sus horas de trabajo en la urbe porteña, a punto tal que se puso como meta abandonar cualquier forma de relación de dependencia imaginable.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



Los primeros bocetos mentales empujaron a la búsqueda de un espacio en Villa Crespo. En el mientras tanto, una amiga suya le sugirió aunar voluntades pero instalarse en La Plata. El tiempo corrió. Verónica dejó su empleo e hizo la temporada en José Ignacio (Uruguay), mientras que su por entonces socio se encargaba de localizar una casa acorde a las aspiraciones, al concepto. "Me mandó fotos. Yo estaba aterrada porque era como imposible, había que hacer todo de nuevo. Pero él la vio. Vinieron los arquitectos, dijeron que iba a ser mucho trabajo y si lo queríamos hacer y había plata (risas), se hacía".



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



La reconfiguración del espacio no fue sencilla. El piso de parket se renovó íntegramente, hubo paredes que se transformaron en blindex, otras en ventanas, baños a nuevo. El concepto estético y global fue producto del trabajo tanto de los propietarios como de los arquitectos (amigos de los hacedores del proyecto también), lo que hace de Cassilda también una marca en sí misma.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



Cassilda es un restoran donde reina la calma. Los ambientes y la distribución son como las de cualquier casa con pasillo al fondo del centro de la ciudad, con una muy bella y delicada galería. La música es como un susurro dulce. La blancura de las paredes es acompañada por cuadros de diferentes artistas locales, que rotan periódicamente. Cuenta con poco más de 40 cubiertos, un salón principal y dos mesas situadas en lo que alguna vez fue una habitación, donde el visitante puede gozar de más privacidad aún.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on




Cassilda, cocina sensible from Tenedor en caravana on Vimeo.
Había que bautizar el sitio y nada vislumbraba, hasta que la esposa del por entonces socio de Verónica sugirió la idea que rige hasta hoy: el personaje que cuidaba a su par interpretado por China Zorrilla en la película "Besos en la frente" se llamaba Casilda. "Muchas de las escenas transcurren en una casa grande, esto es una casa, nuestro trato es bastante informal en algún punto, porque si bien tenemos una estructura de restoran tocás el timbre y te abrimos, saludamos con un beso, como si te recibiríamos en una casa. Además, mi apellido es Cassinelli y también queríamos diferenciarnos de la ciudad de Santa Fe, por eso lo de las dos eses", detalló Verónica.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on






En el transcurrir, el socio inicial de Verónica cedió su lugar debido a otras actividades laborales. Quien lo reemplazó fue el primer empleado del resto, Patricio, quien venía de una larga experiencia en la cocina del Club Tacuarí.

La propuesta gastronómica, presentada en una singular pizarra (que los chicos acercan a la mesa una vez que los comensales decidieron dar descanso a sus posaderas), consta de dos entradas, cuatro platos principales y dos postres que suelen rotar cada quince días. "Tratamos de ofrecer, sobre todo en los principales, una opción por cada corte de carne. Por lo general tenemos pollo, ternera, cerdo y pescado más una opción vegetariana siempre. De esa manera cubrimos todo el espectro", explicó Patricio.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



"Lo que ofrecemos no es demasiado jugado, gourmet o estrafalario. Son producciones sencillas con materias primas de primera calidad. Buscamos darle una vuelta de tuerca a cada preparación para que sea al mismo tiempo agradable, rico y lindo. Hacer cosas buenas con lo de siempre", agregó.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on


Cassilda te recibe de martes a viernes los mediodías (con menú ejecutivo) y jueves, viernes y sábado desde las 20.30 con la pizarra como carta.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



"Queremos que las personas que vengan la pasen bien y para eso nos esforzamos mucho. Nos gusta el boca en boca, que ese hombre o mujer que disfrutó de Cassilda vuelva, recomiende. De hecho a veces sucede que hay gente de un par de mesas que se conoce y hasta comparten un vino, por ejemplo; caminan, charlan, Es un lugar relajado, íntimo, donde la gente que viene temprano por lo general suele quedarse, casi no tenemos rotación. Muchas veces cuando está lleno nos preguntan cuánto hay de demora. Y la verdad que no lo sabemos y así trabajamos. Al mediodía también pasa que se extiende ya que para muchos clientes es un corte verdadero, bajan, y eso es algo que se aprecia", describieron.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on


Hora de cenar. Las lasagna de vegetales, queso de cabra y fondue de tomates se deshace de a bocados, palabras y tragos de vino. Muy abundante, sabores muy marcados y precio más que aceptable. En la visita previa se degustó un pechito de cerdo con papas y barbacoa casera que era una delicia. Así de simple.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



"El lugar, cuando la gente entra, habla por sí sólo. Tiene una impronta muy marcada. No me gusta dar tantas explicaciones. Suelo decir que atraviesen la puerta blanca, que el resto se va a generar desde la comida, la atención, el clima, la música...queremos que vivan una experiencia". La que habló fue Verónica. Y créanme que no miente. Y vayan para comprobarlo.



Una foto publicada por Tenedorerrante (@tenedorerrante) on



Ah, queda en 50 entre 10 y 11, de mano izquierda yendo a Plaza Moreno. De nada.




No hay comentarios. :

Publicar un comentario